Suicidio: Un tema que nos convoca
Área Prevención y Promoción en Salud Mental, Fundación Ave Fénix.

Por Lic. Psic. Patricia Pais.
Actualmente cuando mencionamos la palabra suicidio, esto nos lleva necesariamente a poner sobre la mesa una problemática que en pleno siglo XXI, mas allá de los avances en la temática en cuanto a políticas públicas, campañas y concientización de la población en general, aún sigue siendo para gran parte de la sociedad un tema casi prohibido.
Su pronunciamiento gira en torno a estigmas y mitos que llevan a cubrirlo con un manto que lo oculta, lo silencia y lo condena. Si bien la muerte en general es una cuestión delicada que atraviesa nuestros sentimientos más profundos, raramente se habla de ésta de forma directa, ya que representa especialmente para la sociedad occidental un tema tabú.
Es así que el estigma entorno al suicidio y a la muerte están teñidos de mitos y tabúes de los cuales dependen no solo componentes morales, culturales, religiosos, éticos y los referidos al lugar en donde vive la persona e interactúa con los demás, sino que también dependen del sentido que les otorgue a estos, el propio individuo.

En cuanto a sus repercusiones, no solo generan consecuencias en lo individual, sino que también impactan a nivel familiar y en la comunidad en general según señalan Margaret Chan en su informe de Prevención del Suicidio un Imperativo Global de la Organización Panamericana de la Salud (OPS,2014) y la Comisión Nacional Honoraria de Prevención del Suicidio (CNHPS, 2011); cuando ocurre un suicidio el impacto es terrible y de amplio alcance en todos los aspectos de la vida del individuo y su efecto se mantiene en el tiempo y a través de varias generaciones. Motivo por el cual es fundamental la posvencion en la familia y en las redes más cercana de la persona, lo cual significa promover un acompañamiento adecuado, ya que no se puede dejar de lado a los seres queridos de la persona que se ha suicidado.
El suicidio, es probablemente la muerte más desoladora que existe. A los supervivientes, además del dolor de la pérdida, les queda con frecuencia la vergüenza de revelar el motivo real del fallecimiento y el sentimiento de culpa por lo que se pudo haber hecho y no se hizo.
Si bien el suicidio es prevenible, cada día se evidencia una tendencia que va en aumento a nivel global, según la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2014), es una de las principales causas de deceso en el mundo con una tasa de 800.000 muertes por año a nivel mundial lo que se traduce a 1 muerte cada 40 segundos por esta causa.
Sumado a esto, los datos aportados por el Ministerio de Salud Pública en Uruguay (MSP, 2023), evidencian un total registrado de 818 personas fallecidas por suicidio en el año 2022 superando las muertes por esta causa de la crisis económica del 2002 y la cifra del año 2021 con 758 personas fallecidas.
Es posible pensar que el resultado del escenario de la pandemia por COVID-19 por sus múltiples impactos, en la economía, en el acceso a la atención en salud, en las pérdidas afectivas y laborales, distanciamiento social, etc., pueda incidir en este récord por lo que representan estos factores para la salud mental, a pesar de que esta problemática ya viene en ascenso desde 2017 según datos presentados (MSP, 2022).
Para comprender el suicidio se requiere un análisis en profundidad de distintos factores a considerar que desencadenan en el mismo, ya que responde a muchas causas y de diferente índole por lo que no le podríamos atribuir su causa a un solo factor o elemento, así como tampoco hacer foco en una sola institución para su prevención.
En cuanto a su abordaje señalan diversos investigadores que se requiere planificar estrategias que tomen al individuo en todas sus dimensiones, donde se integren las miradas de los profesionales de las distintas disciplinas y se trabaje en coordinación y en conjunto con la comunidad y con las distintas instituciones las cuales forman parte de la vida de estos; favoreciendo a través de las mismas que se potencien factores protectores y se promuevan hábitos de vida saludables.
Es necesario también que se identifiquen oportunamente factores e indicadores (señales) de riesgo con el fin de prevenir el suicidio y de generar intervenciones que aborden la temática prematuramente.
En tal sentido, la OMS (2021) ha recopilado investigaciones a nivel internacional sobre cuáles son los factores de riesgo y los factores protectores a considerar, con el fin de promover acciones que sirvan a la identificación de ellos a escala individual, como parte de estas estrategias para prevenir el suicidio.
En cuanto a los factores de riesgo la (OMS) los clasifica a nivel de Sistema de Salud, Sociedad y Comunidad y sus relaciones, así como también los factores de riesgo propios de cada persona y de cada etapa vital en la que se encuentre. Dentro de estos destaca como principales;
⦁ Dificultades en el acceso a la atención en salud, oportuna y específica en suicidio
⦁ Acceso fácil a los diferentes medios y métodos para cometer tal fin
⦁ Estigmatización que recae sobre las personas que piden ayuda por comportamientos suicidas o por problemas de salud mental
• No contar con redes de apoyo
⦁ Discriminación y aislamiento social
⦁ Abuso en todas sus formas, violencia y relaciones conflictivas
⦁ Intentos de suicidio previos
⦁ Antecedentes familiares de suicidio
⦁ Trastornos mentales no diagnosticados, sin tratamiento ni seguimiento y/o problemas asociados a la salud mental
⦁ Consumo problemático de sustancias
⦁ Dolores crónicos
⦁ Pérdidas afectivas significativas
⦁ Pérdidas financieras y falta de fuentes laborales
Conductas parasuicidas (ej. conducir a excesiva velocidad, ingesta abusiva de distintas drogas, conductas riesgosas que puedan desencadenar en la muerte de la persona) • Franjas etarias con mayor riesgo a considerar: la adolescencia por sus propias características (conductas de riesgo, de crisis identitarias, etc.) seguida en segundo lugar por el adulto mayor.
En cuanto a los factores protectores, la Organización Panamericana de la Salud (OPS, 2014) menciona que estos son claves para reducir el riesgo. Identificar tanto los factores de riesgo como los de protección, es crucial para elaborar estrategias con el fin de prevenir el suicidio. Algunos de los factores protectores señalados por la (OPS) son:
Aumentar el acceso a la atención de salud
Promover la salud mental y hábitos saludables
Limitar el acceso a los medios utilizables para suicidarse
Promover información responsable por parte de los medios de difusión.
Apoyo emocional y acompañamiento de grupos vulnerables, (ej. quienes han padecido traumas, violencia, abuso, los afectados por conflictos o desastres, refugiados y migrantes y familiares de suicidas)
Seguimiento de quienes salen de instituciones de salud con diagnósticos de trastornos mentales, capacitación del personal de salud, mejor identificación y manejo de los trastornos mentales.
Seguido a ello podemos agregar como punto crucial de la prevención, el acceso a la información: correcta difusión de la temática en donde se pueda ofrecer a la población conocimiento acerca de todos los factores mencionados, brindar información de los recursos existentes y guiar en que hacer o a donde recurrir si se encuentra en esta situación ya sea con un allegado o la persona misma. Así como también la formación en la temática de profesionales, docentes, técnicos, etc.
Es fundamental que se indague directamente si la persona ha intentado o tiene intenciones de suicidarse.
MITOS
A su vez el suicidio está ligado a mitos, identificarlos es fundamental para tomar acciones preventivas, pues esos mismos mitos son creencias de riesgo, la OMS(s/f) los clasifica como: MITO/VERDAD;
Quienes hablan de suicidio no tienen la intención de cometerlo: por el contario pueden considerar esta forma como medio para pedir ayuda o apoyo, ya que carecen de otros recursos.
La mayoría de los suicidios suceden repentinamente, sin advertencia previa: Un gran porcentaje ha manifestado signos de advertencia verbal o con sus conductas, para ello es fundamental conocer cuáles son estos signos y tenerlos presente.
El suicida está decidido a morir: hay cierta ambivalencia acerca de la vida o la muerte, ya que muchas de las personas que llevan a cabo una conducta suicida no quieren morirse, sino que lo quieren es dejar de sufrir, por lo que el acceso inmediato al apoyo emocional puede prevenirlo.
Quien haya sido suicida alguna vez, nunca dejará de serlo: Si bien es un elemento, el mayor riesgo de suicidio suele ser de corto plazo y específico según la situación. Aunque los pensamientos suicidas pueden regresar, no son permanentes, y quien haya tenido pensamientos e intentos suicidas puede llevar después una larga vida.
Solo las personas con trastornos mentales son suicidas: Si bien los trastornos mentales son un factor de riesgo, no necesariamente es una condición. No todas las personas que se quitan la vida tienen un trastorno mental.
Hablar del suicidio es una mala idea y puede interpretarse como estímulo: Debido a el estigma generalizado entorno al suicidio, la mayoría de las personas que tienen ideas suicidas, no saben con quién hablar. En lugar de fomentar el comportamiento suicida, hablar abiertamente brinda la gran oportunidad a la persona de pensar otras opciones o tiempo para reflexionar sobre su decisión, previniéndolo.
Ya es momento entonces de que reflexionemos acerca de lo complejo de la temática, del estigma y del silencio que envuelve al suicidio, entendiendo que este es una urgencia vital el cual se ubica y genera consecuencias no solo a nivel individual de la persona, sino que impacta en la comunidad en general, debilita sus redes, vínculos afectivos y sociales.
Para finalizar, quienes tienen la intención de dar fin a su vida a través del suicidio no son cobardes ni valientes, sólo son personas que están sufriendo y están desbordadas por este sufrimiento y no tienen esperanza en el futuro. (Bobes, Giner y Saiz, 2011).
Desde Fundación Ave Fénix invitamos a esta reflexión, ¡Acércate!

